Director Centro Residencial
Jardín-Tardajos
Todos hemos oído alguna vez expresiones como “tengo el frío metido en los huesos” o el conocido refrán español, originario de Castilla y León, que se utiliza cuando durante el invierno entran pesadas masas de aire muy frío que dificultan el vuelo de algunas aves, como el grajo, un ave muy similar al cuervo, habituado a volar a grandes alturas, que no puede hacerlo en los días de bajas temperaturas. Entonces decimos que “Cuando el grajo vuela bajo… ¡Hace un frío del carajo!” porque los primeros en avisarnos de que se aproxima un descenso brusco en las temperaturas, son los animales y su comportamiento.
En los seres humanos, la exposición al frío es un desencadenante para la aparición de determinadas enfermedades en personas susceptibles, y contribuye a agravar o descompensar otras patologías que ya se tuvieran previamente. Sus efectos se empiezan a observar a temperaturas relativamente moderadas, entre 4 y 8ºC, por lo que hay que estar alerta, no sólo cuando las temperaturas son extremadamente bajas, sino durante todo el invierno.
Uno de los efectos del frío y la humedad es que pueden aumentar el dolor articular. Lo que popularmente llamamos “dolor de huesos”, no es otra cosa que un problema en las articulaciones; puede ser por artrosis, degeneración del cartílago por alguna enfermedad o por la edad, o en personas que han sufrido fracturas por traumatismo y sienten dolor en los huesos afectados unas horas o días antes de que baje la presión atmosférica.
¿Pero esto tiene algún fundamento científicoo se trata simplemente
de una creencia popular?
A día de hoy, existen diversas teorías que podrían explicar la relación del frío y el dolor articular. Según una de ellas, el frío contrae los músculos como mecanismo de defensa para mantener la temperatura corporal, hecho que favorece la aparición del dolor y la rigidez articular. También los cambios barométricos (cambios en la presión del aire o del agua) podrían afectar a las terminaciones nerviosas sensitivas, acentuando la sensación de dolor articular y alterando la viscosidad del líquido sinovial (el líquido encargado de lubricar la articulación). Este aumento de la viscosidad se traduciría en mayor rigidez y fricción articular, lo que explicaría el dolor que sienten los pacientes en las articulaciones con los cambios meteorológicos.
Hay que pensar que unas articulaciones ya desgastadas sufren aún más si los músculos son sometidos a una contracción brusca debida al frío, intensificando los síntomas de la artrosis y la artritis de varias maneras. Las bajas temperaturas pueden hacer que las articulaciones, como ya hemos dicho, se sientan más rígidas y dolorosas, lo que es mucho más notorio en patologías degenerativas, con hinchazón y disminución de la movilidad articular. Además, el frío puede hacer que el cuerpo sea más sensible al dolor, haciendo que las molestias habituales se sientan más intensas.
En estos casos, para las personas con enfermedades osteomusculares, además de tratar adecuadamente el dolor, es clave mantener la movilidad y vigilar ciertas condiciones básicas como controlar la humedad en casa, utilizar ropa de abrigo que proteja las articulaciones o hacer ejercicio moderado de forma regular, para que en la medida de lo posible, las molestias sean leves y breves
Una solución innovadora: la Medicina Regenerativa
En este contexto, la Medicina Regenerativa ha surgido como una alternativa eficaz y esperanzadora, con un enfoque más integral que los tratamientos tradicionales hacia la curación, permitiendo no solo tratar los síntomas de una enfermedad sino también promover la regeneración de tejidos y órganos dañados, especialmente indicadas para aquellos pacientes que se encuentran en fases iniciales o moderadas de la enfermedad, ya que su potencial para regenerar el tejido es mayor en articulaciones con menos daño estructural irreversible.
Las terapias actuales, como las inyecciones de ácido hialurónico o el Plasma Rico en Plaquetas (PRP), solo ofrecen alivio temporal sin promover la regeneración del cartílago, pero la Medicina Regenerativa no solo pretende aliviar síntomas, sino actuar en las distintas estructuras articulares afectadas, regenerando los tejidos dañados y modificando así el curso de la enfermedad, lo que en último término mejora la calidad de vida de los pacientes.
Las terapias regenerativas tienen aplicaciones potenciales en una amplia gama de enfermedades y representan uno de los avances más prometedores en el campo de la medicina moderna, ofreciendo nuevas esperanzas y soluciones para enfermedades y lesiones previamente consideradas incurables o difíciles de tratar y la investigación continúa con avances tecnológicos y descubrimientos científicos que amplían continuamente sus horizontes y aplicaciones.
Nuestro objetivo siempre es mantener informados a los pacientes y al público en general sobre los avances que se consiguen para mejorar la atención sanitaria, los tratamientos, los procesos de diagnóstico, la calidad de vida de los pacientes, la prevención de enfermedades, etc. A buen seguro, volveremos a tratar el tema de la Medicina Regenerativa que, en un futuro próximo promete revolucionar la Medicina.
Y para terminar, permítannos un apunte, cuando escuchemos a alguien decir el comentario: “va a llover porque me duelen las articulaciones”, recordemos que tiene una base científica.
Y sobre el grajo, les recomendamos aplicar dos refranes al más puro estilo castellano:
Para combatir el frío, cuando el grajo vuele bajo, «No te quites el refajo», y para calentarnos, nada mejor que “tomar unas buenas sopas de ajo».